Espacio para la reflexión sobre los aspectos que me llaman la atención y para mis escritos. Gracias por entrar, libre de abandonar.

Lola en rojo

Un fuerte golpe me despertó. Fue una sensación extraña, esperas despertar por la luz o por un fuerte ruido a lo sumo, pero no estamos preparados para despertar de un puñetazo. El sueño, que ya de por sí es abstracto, se deshace con ideas que no puedes definir; en ese momento percibes monstruos, mutantes que mezclan lo peor de los sueños y de la realidad. Aturdido, desorientado, sin ser ni siquiera capaz de plantearme por qué me estaba pasando eso. Tomé la decisión inconscientemente, me quedé tumbado en la cama respirando lo más suavemente posible, sin hacer ruido. Realmente, pensándolo bien, en aquel momento no sabía si podría levantarme nunca más o si era realmente yo, el yo despierto, el que quería fundirse con las movidas sábanas de mi cama. No era capaz de ver nada, no sabía ni siquiera si era fruto de la oscura noche o si no había abierto los ojos. Todo era azul oscuro, casi gris, casi negro. Veía un infinito plano negro, como una alejada pared, como si me hubiera elevado metros del suelo de la habitación.

Más tarde me desperté, no sabía cuánto tiempo había pasado. Esta vez el despertar fue normal, excepto el fuerte dolor de cabeza que tenía. Me llevé las manos a la frente y toqué una viscosa capa de sangre a medio coagular. Mi pelo estaba también ensangrentado y duro, la sangre seca ejercía de fuerte fijador. La almohada había filtrado mucha sangre hacia su interior y el plumón estaba empapado por dentro, notaba con mi nuca medianas bolas dentro de la funda, del tamaño de albóndigas pequeñas, que se habían formado mientras yo dormía en esa especie de coma. Definitivamente había perdido mucha sangre y estaba muy debilitado. Cada respiro, cada entrecortada bocanada de aire que tomaba , bajaba
hasta mi estómago y mi organismo intentaba digerirla, era aire oxidado, cargado de olores orgánicos, olía a sangre y a lluvia industrial. Intentaba recuperar fuerzas con lo poco que podía hacer.

Lo primero que hice fue mirar a mi izquierda y busqué a Lola frenéticamente con la mirada. No había ni rastro de ella, aún quedaban las marcas de su cuerpo en las sábanas. No sabía si habría marchado a avisar a la policía o la habían secuestrado, la situación de las sábanas no me ayudaba pues ella se movía mucho por las noches y podría haberse levantado por sí sola dejando la cama así. Aproveché a mirar la hora, 5:12, y el pequeño LED parpadeando en AM. Entonces sí que decidí levantarme y traté de incorporarme con los brazos. Al parece
r no tenía dañado nada en el tronco, excepto la cabeza y un suave dolor en el pulmón izquierdo. Pero al intentar mover la rodilla izquierda me paralizó todo el cuerpo, mandó una descarga eléctrica a todas las direcciones que como una onda expansiva hizo que se me estiraran todos los músculos. Tieso, creo que grité. Intenté subirme el pantalón del pijama para ver la rodilla pero no pude. Aparentemente no había sangre a esa altura, lo que me hizo pensar, entre helados sudores, que me la habían roto con algo contundente. No podía hacer nada, estaba paralizado.

Pasé los siguientes diez minutos pensando en mi situación, en todo lo que podía haber pasado y en dónde estaría Lola. Cada vez se me ocurrían cosas más disparatadas y pesimistas, había pasado de un simple robo con violencia a que un ex novio de Lola, celoso, me hubiera destrozado las piernas, las costillas y la cabeza a golpes con un bate de aluminio. Pero no pude aguantar, era casi tan duro aguantar mis suposiciones mermado como el dolor físico, y decidí volver a intentar levantarme. Esta vez me agarré fuertemente a la sábana bajera y me empujé hasta fuera, cayendo violentamente contra el suelo. Me rompí una muela de la fuerza que hice al apretar la mandíbula para soportar el dolor, estoy seguro de que ahí grité. Desde el suelo tampoco podía levantarme, tenía que ir a rastras haciendo fuerza con mis codos y el pie derecho. Lo que más me costó fue darme la vuelta, una vez boca abajo conseguí una técnica digna de cualquier reptil malherido sin patas.

Empecé a moverme pero paré pronto. Realmente no había decidido si quería salir de mi habitación, podría ser que quien fuera que hubiera hecho todo todavía estuviera en mi casa. No sabía cuanto tiempo había estado dormido y si le habría dado tiempo de robarme, o lo que fuera que hiciera [1]. Pero decidí seguir adelante, que me pasara lo que fuera, si alguien me hubiera querido matar lo habría hecho antes cuando no tenía oposición, y supuse que aunque le pillara ahora tampoco me mataría. Seguí hacia delante y pasé al pasillo. No era capaz de distinguir muchos detalles, todavía todo estaba oscuro; pero el olor volvía a ser tan intenso como el de mi habitación, a sangre agitada y esparcida. No le di demasia
da importancia, podría ser la mía bajando por la cara de nuevo. Aparentemente no había ni rastro de nadie, no se oían ni pasos ni movimientos, aunque percibí que algunos muebles habían sido movidos.

[1] Pensé que lo más probable hubiera sido un robo con violencia, últimamente en las noticias habían dado sucesos de ese tipo en casas unifamiliares. Habían comentado que se trataban de redes de mafiosos de la Europa del Este, muy bien organizados y en su mayoría con entrenamiento militar. No pude borrar de mi cabeza la cara deformada de uno que sufrió una brutal paliza para robarle y pensé que la mía estaría parecida, o peor quizás.

La primera estancia en el pasillo era la cocina [2]. Empujé la puerta hacia delante y conseguí abrirla. Era algo dantesco, me dio una arcada en cuanto lo vi. Todo, absolutamente todo, esta repleto de sangre. Las paredes eran más rojas que blancas, su color original. La luz penetraba por la ventana del fondo proveniente de una farola que había en el exterior de nuestra casa, en la fachada. La escena era repugnante, parecía un matadero, o la imagen que yo tenía del matadero, o algo peor. La pared estaba llena de huellas de manos, por todas partes, y
los cajones abiertos; incluso había un montón de cosas en el suelo, desparramadas, obviamente habían estado buscando dinero, o eso supuse. Pero lo de la sangre me desorientaba, que clase de enfermo haría una cosa así. Nunca había oído que ladrones hubieran manchado de esa manera ningún hogar. No sabía que pensar, ni siquiera de dónde vendría la sangre. Era el primer contacto que tenía con paredes manchadas de sangre y no era la idea que películas de miedo malas habían metido en mi cabeza. Era oscura y brillante, no era tomatera; la luz amarilla de la farola le daba un brillo casi artístico, una belleza grotesca y brutal. Sería sangre de algún pollo o así, pensé.

[2] Era un piso muy pequeño, un pequeño apartamento para el que habíamos trabajado duro. Estábamos de alquiler pero nos costaba llegar a fin de mes. Lola hacía dos meses que había perdido su empleo en la fábrica y con mi sueldo, que no estaba mal, no era suficiente. Los colegios privados pagaban menos que los públicos, pero estaba al lado de mi apartamento y los niños, en general eran educados. Hacía siete meses que vivíamos juntos, fue un paso que nos costó poco dar, fue la evolución lógica, era coherente. Tras un año saliendo, nos planteamos dejar nuestras casas y nuestros padres y tener un espacio común para ganar en intimidad, aunque yo seguí yendo a mi casa cada dos días. A Lola no le gustaba que fuera tanto, “sales conmigo, no con tu madre” me solía decir, pero sus comidas eran insustituibles. Cuando volvía al piso cargado de comida Lola no solía protestar, ya que ella era la primera que disfrutaba con los precocinados de mi madre.

Saqué mi cabeza de debajo del marco de la puerta de la cocina y me dirigí al final del pasillo,
al salón. No me apetecía comprobar en que estado estaba el cuarto de baño tras ver la cocina, supuse que mucho peor. Además, la puerta del lavabo estaba cerrada y me habría costado levantarme tanto como para llegar al picaporte. Me arrastré al salón y antes de entrar sentí miedo, pavor, no sabía si habría alguien todavía. De quedar alguien en la casa estaría allí, era el sitio de donde se podrían robar más cosas. Asomé tímidamente la cabeza y no pareció que hubiera nadie. Seguí hacia delante, poco a poco. El salón era la habitación más grande de la casa y tenía al fondo una mesa antigua de comedor que heredé de mi abuelo. Al lado del sofá había un teléfono, sobre la mesilla, pero se estropeó la semana anterior y tenía que comprar otro. El otro teléfono, el de la cocina, esta demasiado alto como para poder acceder en aquella situación.

Poco a poco llegué al fondo de la habitación. Aparentemente no había desperfectos ni destrozos, solamente estaba algo desordenando. Hace dos noches habíamos dado una fiesta con unos amigos y podría ser por eso, el sábado no nos apeteció recoger. Pero cuando me acerqué a la mesa volvió a venirme aquel maldito olor a sangre. No veía nada, no se de dónde podría venir. Me acerqué un poco más y encontré ropa, desperdigada. Era la ropa de Lola, eran su pantalón y sus bragas de dormir [3]. Estaban juntos, probablemente habían sido arrancados fuertemente o se las quitó ella a gran velocidad, algo que me extrañó. La situación oscurecía por momentos, aunque el no encontrar nada me
hacía sentir más tranquilo. Me volví a apoyar en los codos para llegar al final de la habitación, esperaba tener desde allí una visión más general de la escena, pese a la poca luz que había. De repente me di con la barbilla contra el suelo, se me había resbalado el codo. El suelo estaba húmedo, mi barbilla también. Era una especie de gelatina, era sangre otra vez. Había un gran charco de sangre cubriéndolo todo, no podía imaginar hasta dónde llegaría. Otra vez esa broma macabra, sangre para todos. Pero algo diferenciaba eso de la cocina, la sangre no estaba por todas partes en manchas desordenadas. La sangra estaba concentrada allí, en ese charco. Y todavía estaba fresca y tibia a la vez.

[3] A Lola le gustaba dormir con ropa interior. Era muy meticulosa con la ropa y utilizaba dos mudas al día por lo menos, una antes de meterse en la cama. Se duchaba dos veces al día, antes y después de meterse en la cama. Yo en cambio era más dejado y eso le hacía rabiar. A veces dormía con los mismos calzoncillos que había usado durante todo el día y eso Lola no lo soportaba. Alguna vez incluso estuvo a punto de no hacer el amor conmigo por que llevaba la muda del día debajo del pijama; menos mal que tenía diferentes recursos a los que recurría para volverla a convencer de practicar sexo. Yo creía que necesitaba enfadarse para sentirse viva, no eran grandes peleas pero si pequeños enfados que le hacían emocionarse, y a mi eso me gustaba. Siempre sabía hasta dónde podía protestarle y cómo arreglarlo todo.

Me fijé y la sangre provenía de la mesa. Estaba bajando una fina película constantemente
por una de las patas y de vez en cuando me caía una gota en la coronilla. Lo que fuera que hubiera arriba estaba desangrándose. Pero yo no podía llegar hasta arriba, ni siquiera alejándome sería capaz de verlo. Decidí darme la vuelta. Mirando al techo todo era diferente, parecía más normal. Tuve que moverme un poco porque una gota me entró en el ojo. Se me ocurrió agarrar la pata de la mesa y agitarla constantemente, quizás algo se moviera arriba. Efectivamente, tras unos movimientos secos se asomaron por el otro lado de la mesa unos pelos largos. Eran de Lola, los habría reconocido en cualquier parte.

Estaba arriba, tumbada, malherida. A ella también la habían golpeado y seguramente violado después, sino no entendía lo de la ropa. Quizás ella pudiera llamar a la policía, quizás a ella
no le habían destrozado la rodilla. Tenía que despertarla y empecé a gritar. Ella no se despertó en los cinco desesperados minutos que la llamé. Entonces me moví al otro lado de la mesa, pasé por debajo. En aquella parte no había tanta sangre, casi estaba perfecto. Allí encontré la parte de arriba del pijama, había sido arrancada porque no tenía botones. Me volví a dar la vuelta para mirar al techo y mover otra vez la mesa.

Estuve un buen rato agitando la mesa hasta que me rendí. No se despertaría, quizás se encontraba más grave que yo. Fruto del ajetreo había conseguido que asomara media melena que colaba hacia mí y quedaba a media altura. Había decidido que intentaría ir a la escal
era a gritar y despertar a algún vecino. Pero antes intenté tirar un poco de su pelo, incorporarme a duras penas hasta alcanzar un mechón e intentar por última vez despertarla antes de marchar. Le agarré un buen mechón, más de lo que pretendía, y al bajar mi cuerpo sentí que el mechón no se escapaba de entre mis dedos. Me lo llevé conmigo y noté un fuerte golpe en el estómago. No era capaz de levantar el mechón con mi mano izquierda, pesaba mucho. Miré hacia mi mano y el mechón terminaba en la cabeza de Lola. Sólo la cabeza, le habían cortado el cuello. No podía ser, palpé por encima de la cabeza, temblando, su cara, su nariz. Era ella, la habían descuartizado ahí encima, encima de la mesa.

Me derrumbé, la situación me sobrepasó. Era demasiado para mí, no podía ni moverme
ni empujar la cabeza, la tenía agarrada. Todo me repugnaba y no podía hacer nada, estaba torturándome: el olor, la luz, el silencio. Grité, grité hasta que mi voz desapareció. Me quedé mudo, agarrado al mechón, con la cabeza sobre mi estómago, mirándome [4].

[4] Al parecer un grupo de culto al demonio, algo parecido a una secta Satánica, confundió Lola con una c
hica embarazada que vivía en el piso de abajo. Querían llevar a cabo un sacrificio con un feto y no lo encontraron en Lola. La descuartizaron en el mismo salón con tres cuchillos de la cocina. La Policía llegó tres horas más tarde de mi hallazgo y todavía tenía su cabeza sobre mí. No han detenido a los cuatro asesinos. Se sabe que son cuatro por las huellas, pero como no tienen antecedentes no los han identificado.


3 comentarios:

theuc dijo...

Dantesco, brillante.
*clap clap clap*

Interesantes incisos. Quizá eche de menos más sinónimos, pero es indiferente.

Este relato no me pide una segunda parte. Pero si me exige algo del estilo. Cuanto antes, por favor.

ARANTZA!!!!!! dijo...

"Dantesco, brillante..." todo lo que quieras pero muy macabro!!!

Por cierto lo de las "bragas de dormir" un detalle muy tuyo!!!jjj

bluesherpa74 dijo...

Dear survivor,

As to point number four, sorry for you two, but you are completely wrong in your conclusion that satan was involved.

He is a figment of your collectively manipulated imaginations. He does not exist.

You and Lola were visited by THE BORN AGAIN PRIEST, and he certainly didn't knock on the wrong door.

I know because he was boring me to death on the bus the other day with his evangelical exploits while travelling between jobs, but I just have to put up with this kind of disciple in my line of work.

Either me or my representative will be seeing you again shortly.

I'm glad to have been able to clear up your "other worldly" misinterpretation.

Yours,

Mr John Doe