Espacio para la reflexión sobre los aspectos que me llaman la atención y para mis escritos. Gracias por entrar, libre de abandonar.

Pequeñas tonterías para ser más feliz

Katie Melua me susurra al oído y os puedo asegurar que me está volviendo loco, cada frase parece intemrinable, los bellos de mi cuerpo hacen la ola a la vez que el timbre de su voz se vuelve más grave. Os voy a hacer una pequeña y oscura confesión, os la merecéis por haber llegado hasta aquí; cuando he abierto el editor de textos mi intención era criticar y despotricar a discreción contra los asquerosos que han creído que la muerte de la folclórica nos merecía la pena y han ordenado sitiar la casa de su agonizante familia. Estaba también seguro de que finalmente acabaría arremetiendo contra los políticos en general y los nuestros en particular, o mis deseos de suprimir el circo de los diputados. Pero no puedo, Katie me transmite un bienestar, es tal gozada oírla que sería traicionarme y traicionarla. Dejemos las grandes cosas para mañana y vamos a centrarnos en las pequeñas, las que nos hacen sentir lo que sentimos.

A los quince años dejamos de desarrollar nuestra inteligencia, en cierto modo, a partir de esa edad vivimos de las rentas. Podían haberme avisado y habría leído más libros o escuchado mejor música; aunque si a esa edad los jóvenes tienen la cabeza llena de pájaros, los de la mía eran tordos y yo uno más. Sucede que un fatídico día te das cuenta de que eres mayor y la gente ya no te trata igual. Ya no se te perdonan las tonterías, tienes que pensar lo que dices y empiezas a ser responsable de tus acciones. Es un cambio tan brusco que nunca llegamos a asimilarlo del todo, como todos los cambios violentos de esta vida, como la muerte de un ser querido, para cundo quieres pararte a pensar qué hacer ya es demasiado tarde y el mundo ya lo ha olvidado. El tiempo se te escapa entre los dedos de la mano de lo trascendental y en cambio, es el mismo tiempo el que tienes que arrastrar pesadamente atado a la otra mano, la de los errores rutinarios.


“Los mayores no juegan con juguetes y si lo hacen está mal porque son mayores”. Pese a parecer el razonamiento de un niño son los adultos los que realmente lo piensan apretados en un cinturón de “castridad”, externamente impuesto, que no deja germinar la imaginación. Debemos jugar con muñecos, pintar a nuestra familia de la mano bajo un arco iris, comernos los flanes sobre el plato de una absorción, volver a merendar Panteras Rosas, hacernos caras en las yemas de los dedos, chuparnos el dedo, sacar la lengua a los condctores desde el coche, sentarnos en el suelo del salón como los indios, tomar Petit Suisses de postre, escondernos debajo de la cama, reírnos sin condiciones, etc. Os lo propongo, no es sólo hacer el tonto (porque desde nuestro punto de vista, lo es), te enteras de muchas cosas que antes no habrías ni sospechado. El mundo no se ve igual si te arrastras por los suelos de la casa. Seguro que en algún taller de risoterapia (por cierto, horrible el término) aplican esto para hacer que la gente se suelte.

Creo que la inocencia es irrecuperable, pero no necesitamos ser inocentes para ser expontáneos con nosotros mismos. Podemos dedicarnos veinte minutos al día a hacer cosas que hacíamos de pequeños como legos y pintar comics, nada de tele. Es una actividad muy reconfortante y no nos supone demasiado tiempo si lo vemos relativo (como nos propuso Einstein) y lo comparamos con todo el tiempo que dedicamos a otras tonterías de mayo
res. Algunos pensadores opinan que a lo que los mayores llamamos “búsqueda de la felicidad” no es más que intentar revivir lo que nos pasó de pequeños, la infancia perdida. Puede ser y lo cierto es que es divertido intentar recuperarla.


2 comentarios:

x dijo...

algunos hacemos tonterías como comer un petisuis, otros se chutan heroína o hacen pikes frente a un tren.

es cuestión de perspectivas.

no creo que a los quince años dejemos de pensar, es algo propio de cada uno, hay mucha gente que no es que deje de pensar antes, es que nunca ha empezado a ello.

ene2 dijo...

Estoy de acuerdo, piru.
Pero el dedicar un tiempo al día a hacer esas pequeñas cosas que te llenan de satisfacción, no debe convertirse en otra boligación más para ser feliz. Debería ser algo que tuvieras ganas de hacer, y que te librar por un rato de toda la mierda que rodea la vida adulta.

Entoces podras disfrutar de ello.