Espacio para la reflexión sobre los aspectos que me llaman la atención y para mis escritos. Gracias por entrar, libre de abandonar.

¡ Anunciado en TV !

Andrej Dragan es un tipo de veintiocho años que estudió física y actualmente trabaja como profesor en una universidad de su Polonia natal. En el 2003 empezó a adentrarse en el mundo de la fotografía y se hizo con varios premios. Hasta aquí todo podría ser normal, lo es y debería seguir siéndolo. A lo largo de su corta carrera fotográfica el polaco ha trabajado con diferentes agencias de publicidad en muchas campañas, como por ejemplo con J. Walter Thompson en la campaña para Converse en Polonia. Normal, ¿verdad?. Con la aparición de la fotografía anteriormente expuesta para dicha campaña, y reitero, sólo se vio en Polonia, muchos han puesto el grito, o berrido, en el cielo al darse cuenta del increíble parecido del neo-Ché con alguien, que por tan obvia similitud, me parecería insultante citar.

El bueno de Andrej, en la última semana, ha recibido un aluvión de correos electrónicos criticándole de los que están con el Ché y de los que están con el Jo-Ché María, vaya lo dije, diciéndole que bárbara la osadía de enfrentar un personaje tan amado para unos con otro tan odiado, y para otros viceversa o lo que demonios sea. El receptor de los mails ha respondido a todos, a los que ha respondido, diciendo que centra su actividad en sus clases de física en la universidad y le dejen de mojigangas. ¡Hasta la FAES, bendita sea, está preparando un comunicado, si es que no lo ha dado ya! Todo por un maldito fotomontaje, por cierto bastante logrado, como los que podremos obtener haciendo la prueba de poner la p
alabra clave “Aznar” en el potente buscador de imágenes del Google. Hasta dónde habrá llegado la polémica que el propio autor en su página web ha puesto un ‘cómo se hizo’ para mostrar a todo el mundo que se inspiró en un modelo, no en Ansar, cosa que yo no me creo ni de coña y hace que la polémica quede un poco aguachinada, como cuando dejas una gaseosa veinte minutos al sol.

Esto de los fotomontajes, que nunca dejan de sorprendernos vía electrónica - sobre todo por la rapidez de los creadores con respecto al acontecimiento distorsionado- , viene mu
y de lejos. El dadaísmo ya los utilizó en su época, muchas décadas atrás, y el pop-art mamó de ese movimiento en cierto modo. Coger una imagen, reproducirla hasta la saciedad, explotarla, que se convierta en símbolo, para muchos es una mutilación y para otros un honor o un fiel reflejo de la sociedad de consumo en la que vivimos. ¿Pero a quién en sus cabales se le puede ocurrir hacer un cuadro en el que aparece algo que ves todos los días, como tu cepillo de dientes? ¿Y quién los compra?. El que piense eso seguramente es el que luego va al supermercado y se compra galletas maría en vez de las que no tienen marca porque, sin saberlo, le ha afectado el anuncio que vio ayer en el intermedio de ¡Mira Quién Baila!.

El arte mientras critique mola. El problema de hacer arte para todos, el que su objetivo sea llegar al mayor sector de público posible, es que casi siempre se acaba desvirtuando el objetivo y una supuesta crítica a la sociedad de consumo se acaba convirtiendo en un elemento más de consumo, me entristece que autores tengan esa premisa como punto de partida ante un proyecto supuestamente artístico.

Seguro que los seguidores del Ché o de su ideología están contentos y orgullosos de que haya jóvenes por las calles que porten en su pechera la reiteradamente utilizada imagen tomada por Alberto Korda, que inspiró y levantó pasiones en toda una generación. Del mismo modo, se mostrarán radicalmente en contra del fotomontaje ya que aliena lo que el Ché representó
y quieren siga representando. Estoy seguro que si se toma al azar de nuestras calles una docena de chavales con la estampa del Ché como bandera, justo te podrán dar un par de datos sobre su ídolo, como si de otra estrella de Operación Triunfo se tratara. Sinceramente, no se qué es peor, pero no me parece coherente dar palos a algunos y zanahorias a otros cuando quizás en busca de culpables deberían mirarse un poco el ombligo.

Yo quiero más Andrejs, más caricaturistas de Mahoma,... más chicas guapas (por pedir que no quede). Pero no os rasguéis las vestiduras ni los Chéchereos, sobre todo si lleváis el estampado de Korda, ni los Ansaristas tampoco, él no lo haría. Dejémonos de de dónde venimos y pensemos en a dónde vamos y cúanto queda para llegar. Por cierto, le he manda
do al polaco una foto mía y otra de Jonathan Rhys Meyers, a ver si me hace un apañito, que al ex-presi lo ha dejado muy guapete.


4 comentarios:

newton dijo...

Pues bastante interesante. La publicidad a evolucionado bastante sino mira
a que hemos llegado ;D

imanol, Mayormente nublado, 15 ºC dijo...

si no montas buya no te hacen caso, y con esto lo ha conseguido.

pero no se hasta qué límites se puede transgredir por vender unas zapatillas (o lo que sea, simplemente por vender)

A. CARDBOARD dijo...

I think that you're making a mistake in terminology here. If you're talking about ART, then I have to say that, if the most important inspiration of the artist is to sell, then we're not truly dealing with ART. I think the distinction has to be made between ART and GRAPHICS.

GRAPHICS' prime aim is to sell a product, in the end, to sell itself, and the image you're dealing with here is not art at all, but GRAPHICS. Clever graphics true, but not art.

Chop it up a bit with Photoshop, cut out the brand names/shoe, and you could say that you have a political collage in the style of the dada movement, but this was never in the creator's mind. Controversy sells and when it's dressed up as "radical" it sells even better, and to a targeted buyer who sympathises with the style via the content.

That’s in the best of cases. How many kids who wear a Ché image know who he really was and what he stood for. I have found myself having to explain what is behind this graphic more than once.

An artist doesn’t even, necessarily, want, or need, a large audience to appreciate his work. First, and foremost, an ARTIST has to please himself, or the product isn’t convincing, doesn’t feel genuine. Of course, the history of MODERN ART, art produced after the end of the patronage of the church and royalty, has often attempted, often attempts, to send a message, to be politically active, though when a painting, film, any artistic activity becomes a collectors item, then it is turned into just another commodity like all the rest. Not necessarily by the artist, but by the commercial gallery system. But the work itself still has its artistic integrity.

The Dada movement, the Surrealists ,Duchamp, Man Ray, changed how we see, Pop, you name a movement, and its original intention was to break conventional schemes of thought, take society, and the minds that make up society, somewhere new, to change things, to change lives. The work Andy Warhol did, particularly in film, changed, or helped change the language of cinema, the subjects it could deal with, the way they were treated, The Velvet Underground changed what could be sung about.

Now you can go to a photography shop and get yourself Marilyned, Warholed. It’s not ART. It’s GRAPHICS, it has no artistic integrity, but an original “Electric Chair” or “Race Riot” lose none of their power or impact if they are looked at as works of art, not product to be shifted or hijacked by graphics.

Good ART presents you with an idea you can meditate on. It gives you something to think about, it doesn’t tell you how to think. It has a certain kind of purity, of innocence. The true artist is an innocent who hopes his work might change a life here or there. Sometimes he’s controversial, sometimes inward looking, and he might well want to make a modest living, but he’s not a mere interior decorator selling furniture art, he wants to change something, in himself and in the world. GRAPHICS insists on selling you product.

The distinction has to be made between ART and GRAPHICS.

A. CARDBOARD dijo...

PS,

The "inventors" of the technique of photomontage were John Heartfield and George Grosz way back at the beginning of the twentieth century.

John Heartfield, real name Helmut Herzfeld, was part of the Dada movement, he was viciously anti bourgeois, as were the Dadaists, but his communist convictions distanced him from the "nonsense" (no sense) aspects of the group. His art was a propaganda weapon, a political weapon aimed at the interwar German state and the Nazis in particular.

No Converse adverts here!

Type his name in Google and enjoy!