Chándals
Cada comunidad autónoma, desde siempre, ha sido diferente. Pídete un pica en Madrid, a ver que te sacan. Mira los trajes regionales, tan diferentes; bueno, son todos iguales pero en diferentes colores. Los trajes regionales son un atuendo que se muestra sobre todo cuando estás en una comunidad que no es la tuya. Estoy seguro que el día de Extremadura en Badajoz no se viste ni el Tato de regional, pero pásate por el centro extremeño de aquí, "quillo', vaya sarao’ que noh' hemo' montao' ".
En estos tiempos de discordia, deberíamos unirnos todos. Si os da un poco de apuro empezar a unirnos así, de golpe, empezad de tres en tres, que algo es algo. Si tuviéramos que elegir un traje regional común para todas las comunidades, un traje nacional, no sería el de la Guardia Civil; sería el chándal.
El chándal es la prenda marginada, la menospreciada. No se merece ser colgada en perchas, hay que doblarla en cuadrados perfectos y amontonarla debajo del armario. La gente no se molesta en plancharla bien, no le importa que se quede un poco arrugada. Incluso es la única prenda que si se quema con un cigarro no nos importa lucirla con el agujerito que se queda, con los bordes de alrededor duros. Los luces como las medallas de guerra, son recuerdos de una batalla muy dura.
- Ala tío, y ese agujero.
- Fue algo caótico. Septiembre del 92, también perdimos dos cremalleras. Me quedó esta cicatriz.
Pero aunque sea mayor que un agujerito, no la retiramos. A un niño no le vale con tirarse en plancha en el patio de gravilla del colegio para que le cambien de pantalón. Ya puede tener un agujero del tamaño de Australia, que seguro que la madre lo tapa un parche. Porque hay rodilleras de todos los tamaños, desde tamaño Fary hasta tamaño King Africa. ¡Pero si no hay nada que de más pena que un niño con una rodillera pegada en el pantalón!; bueno sí, un niño con dos. Porque las madres piensan:
"¿Como le voy a poner sólo una rodillera?, queda muy cutre. Le voy a poner una en cada pierna. Que no se diga que mi niño es un hortera"
Y luego está Mr. Bean, que le gusta llamar la atención y se pega las rodilleras en los codos. Aunque yo he llegado a pensar que igual las ha inventado él, yo no me acuerdo habérselas visto a nadie antes que a él.
El chándal fue el primer elemento en ser tuneado. El concepto tuning lo inventó el creador del pantalón de corchetes. Todo
empezó cuando Adidas contrató como creativo a un stripper retirado, que se limitó a coger su antiguo pantalón de trabajo y pegarle unos parches de la marca en los lados. Yo creo que si se hubiera propuesto hacer algo tan feo e inútil, no le habría salido mejor; y encima arrasó. Está claro que en España lo feo e inútil triunfa y se copia, y sino mira la Pantoja, que desde que sale con Cachuli se ha dejado el bigotillo más alocado, clara influencia del estilo de su novio.Analicemos el caso corchete con detenimiento.¿Qué le hace a una persona con cierta vida social ponerse eso?
Bonitos no son. Cuando los hicieron, por si los colores no fueran suficientemente llamativos, decidieron hacerlos en lycra para que con el reflejo de la luz el color variara; como los gallitos de las tiendas de todo a cien, que cambiaban el color de las plumas según el tiempo que vaya a hacer.
Y por si eso fuera poco, tenían dos colores: el frontal-trasero y el lateral, que generalmente era blanco. Que por eso en comisaría te hacen fotos de diferentes ángulos, por si llevas corchetes para que no induzcan a error.
Cómodos no son. Violan la primera regla de la ropa: "Nos vestimos para no pasar frío". Esto lo descubrieron hace unos años nuestros antecesores. Pues tuvo que venir uno en los noventa y hacer unos agujeros en los lados para que pasara todo el biruji en los días de viento, que se te hinchan y pareces el muñeco de Michelín. Y que no te queden un poco ajustados, que los corchetes no pasan la prueba de la silla.
La prueba de la silla es el control de calidad de los pantalones de chándal, tienen que pasarla para ser aptos para el uso. Si te sientas y aguantan por los tres puntos clave están aprobados. Entrepierna, huchilla y lateral. Si un pantalón de corchetes te queda justo: o se te ve la huchilla o te revienta por la entrepierna o se te abren los laterales haciendo ochos al sentarte.
Útiles no son. La única utilidad que pueden tener respecto a los pantalones de chándal normales es que se quitan de un tirón, a lo boy. Pero no lo hacen; están atados en la cintura en un alarde de innovación de su creador. Para quitártelos te los tienes que pasar por los tobillos, no hay otra. Y cuando viene el que se cree gracioso, el típico inadaptado social, y te los tira hasta abajo abriéndotelos en canal, te quedas en mitad de la calle como una piñata, con chorreras colgando. Bueno, ahí agradeces que sean atados a la cintura. ¿O no?
Baratos, no s... bueno sí, baratos sí que son. Pero no los originales, los de mercadillo. Los pantalones de corchetes tienen más encanto los del mercadillo; ya que te vas a pillar una horterada, que sea a lo grande.
Cuando salieron los primeros modelos en el mercadillo estuvieron en los puestos altos de productos más vendidos, casi desbancaron a clásicos como la braga-faja, las chanclas cangrejeras o la sombra de ojos plateada. Los de mercadillo son fácilmente reconocibles porque en los laterales tienen o dos o cuatro rallas, pero nunca tres, que esos son los de Adidas.

El chándal en muchos casos es un objeto para la reivindicación. Hay toda una generación, nacidos a partir de los años cincuenta, que fueron obligados de pequeños a llevar ropa incómoda los domingos, desde sandalias a pantalones cortos en invierno. Para declararse en contra, los domingos se ponen chándal y se manifiestan paseando por la calle o yendo a comprar el pan y el periódico. Pero se nota enseguida que no son auténticos deportistas: van con la ralla bien hecha (como Maradona), engominados, y llevan puestos zapatos y camisa de cuadros, ¡por dentro del pantalón!
¿A quién se le ocurre eso, acaso alguien llevaría esmoquin y zapatillas? Bueno, Emilio Aragón sí. ¡Y encima engominado!
La cabecilla de los reivindicadores es Rocío Jurado. Fue la primera en manifestarse con chándal dominguero. Ella es una mujer muy idealista y lleva hasta el final sus radicales ideas. Le demuestra a todo el mundo su mosqueo llevando, sin ningún pudor, un chándal rosa, zapatos de tacón, abrigo de visón y gafas de sol. Y encima se pasea así por los aeropuertos, para que le vea más gente.
Otro uso incorrecto del chándal es utilizarlo de pijama, para andar por casa. Cada vez más gente, creyendo que un chándal pasa de moda, lo utiliza para las labores del hogar. Respecto a eso: el chándal es una prenda atemporal, nunca pasa de moda; excepto el chándal con hombreras.
Además, lo incómoda que tiene que ser la siesta con el chándal puesto, que como los bolsillos tienen cremalleras se te tienen que clavar por todos los lados. Sólo los faquires duermen con chándal, para ir entrenándose. Tiene que ser como dormir encima de un scotchbrite; bueno si eres un erizo no, que el scotchbrite para un erizo es como una muñeca hinchable. Y los que andan en casa en ropa deportiva, ¿al gimnasio irán en pijama? Eh, Michael Jackson.
En los ochenta el chándal fue desbancado por las mallas. De repente, la gente no hacía deporte con chándal, se embutía en las mallas a lo butifarra y, ala, a sudar. Hoy en día, afortunadamente, sólo se utilizan las mallas en los anuncios de las máquinas de gimnasio de la tele, en las clases de aeróbic y en UPA dance. Y por cierto, los de UPA dance deben de tener complejo de espinillas, porque la ropa que llevan les marca todísimo todo, pero en la pierna se ponen unas bufandas para disimularlas.
Yo no recomiendo a nadie normal ponerse unas mallas. Primero tendrá que superar problemas de claustrofobia, miedo a entrar en sitios pequeños; y luego problemas de chichafobia, miedo a que se te escapen las chichas de los sitios pequeños, las mallas. Porque las mallas son malas, sólo enseñan lo peor de ti mismo, y lo realzan (o lo rebajan, chicas). Son como los resúmenes de Gran Hermano.
El único problema que le encuentro al chándal es que no se hasta donde me lo tengo que subir. Me pasa lo mismo que con el pareo, que los que tenemos tripita, no sabemos cual es la medida para ponerlo. Yo por eso no uso pareo.
Si te pones el pantalón debajo de la tripita te hace de gordo; pero si te lo pones encima, tiene que ser en el ombligo, y claro, pareces don Pin Pón, el anti-raperos.
Pero no existe línea media, si te lo pones en la mitad, que es donde mejor queda, el pantalón a los treinta segundos se cansa y se resguarda debajo de ti, al calentito. ¡No saben nada!
Desde aquí hago un llamamiento a la sociedad, usad el chándal que es como bricomanía: fácil, divertido y para toda la familia. No hay porque ser deportista para llevarlo, aunque es recomendable porque queda mejor. Y hacer deporte tampoco está mal, aunque te canses. Eso sí, recordad siempre que el deporte es como una orgía: lo importante no es ganar sino participar.


1 comentarios:
qué gran prenda nos legó los 80.
esos tonos rosa y verde fosforitos. esos trazos triangulares, ese abombamiento, esas cremalleras...
qué delicia. espectacular.
eso si, los de corchetes (de los cuales tuve unos) se pasaron al barrio de los malotes, de los chungos del éste, y perdieron todo su caché como prenda máximalista.
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